DIRECCIÓN: Andrew Barchilon PRODCUCCIÓN: Edouard Getaz y Gastón Solnicki
FOTOGRAFIA: Kitao Sakurai GUIÓN: Daniel Margulles CON: Daniel Margulles y Elba Tornese
La increíble belleza de una mujer es el recuerdo más claro que tengo de Alienadas, eso y su expresión de serenidad que no cambia. Ni cambiará, porque es en realidad la cabeza de una mujer encerrada en un frasco de formol o lo que sea que le pongan a los frascos con cachos de personas. La película también se detiene en esa cabeza sin parietales, mientras recorre el asombroso museo de partes humanas que el falso investigador norteamericano de este falso documental dice encontrar, casi olvidado, en el Neuropsiquiátrico Braulio A. Moyano en la Ciudad Neuropsiquiátrica de Buenos Aires. Pero este falso documental esconde un verdadero documental, uno sobre el hospital en sí, sobre las condiciones en que ahí viven las mujeres internadas. Detrás del horror de los cuerpos en formol, que puede llegar a ser hasta hermoso y cautivador, hay otro sin belleza posible, el de la vida dentro del hospital. Algunas fotos fijas, algunas voces, algunas imágenes de una doctora recorriendo pasillos tristísimos es lo que vemos de esa vida. Todo en un clima subrepticio que hace suponer, o al menos me hizo suponer, que no debe ser fácil conseguir un permiso para filmar dentro del hospital, que nadie debe querer que eso se muestre. Este corto logra asomarse a través de un personaje (este investigador extranjero) que queda en un segundo plano, con el que no hay identificación, haciendo evidente su categoría de excusa para una causa mayor. Los terribles frascos, las innumerables fotos de gatos, el investigador, las palabras, todo está en el lugar de las mujeres que no se ven. El director Andrew Barchilon recurre finalmente a la ayuda de algunas personas del pasado para que tomen ese lugar prohibido. Estas personas son las pacientes que ingresaron a principios del siglo pasado, cuando el hospital se llamaba elocuentemente Hospital de Alienadas; las fotos de sus caras en el cuaderno que registraba los ingresos en esa época vienen a reemplazar a las caras ausentes de hoy.
EXCURSIONES Argentina, 2009 DIRECCIÓN: Ezequiel Acuña CON: Alberto Rojas Apel, Matías Castelli, Martín Piroyansky FOTOGRAFÍA: Fernando Lockett PRODUCCIÓN: Ezequiel Acuña, Matanza Cine
Con tres largos en su haber, Ezequiel Acuña, es ya un nombre conocido en el ambiente, y sobre todo, en el círculo baficero. No es raro que su nuevo proyecto, Excursiones, reciba horario central en las tres jornadas en que se exhibirá fuera de competencia.
Con un estilo muy similar, sus dos películas anteriores, Nadar solo y Como un avión estrellado, reflejaron la adolescencia abúlica de los años noventa, demasiado conflictuada para ser feliz. Con estos dos relatos íntimos, cubiertos de un halo depresivo/existencial, y el toque de animosidad que encuentra solo en el amor, Acuña logró destacarse, hacerse conocido y también querido por quienes se sintieron identificados con su causa, o al menos, por quienes la entendieron. Estas dos películas ultra sensibles marcaron un cambio en lo que el Nuevo Cine Argentino venía ofreciendo, y mostraron a un director con estilo personal, destacado y original.
Excursiones, aunque se aleja de las anteriores, muestra su marca personal a través de, entre otros elementos, las bandas sonoras que acompañan los tres casos. Ritmos tranquilos que se desenvuelven en un cántico triste y armonioso, con poco sobresalto pero con mucha emotividad. Las referencias musicales son un reflejo constante en su obra, pero mientras que en Nadar solo el protagonista llevaba una remera de The Smiths como emblema de su causa, en Excursiones los dos personajes principales se pelean por una con la cara de Morrisey (el cantante de la anterior banda) y hablan del recital que sí pudieron ver juntos, el mismo al que seguramente Acuña asistió. Esto representa algo más tangible, porque esta película está directamente relacionada con él, aún más que las dos anteriores. Ya no intenta representar las sensaciones de una generación, sino compartir una vivencia personal, un estado real de las cosas.
El origen de ésta película es un corto realizado antes de su ópera prima, protagonizado por los mismos actores, Alberto Rojas Apel y Matías Castelli, que no accidentalmente son sus amigos. Un proyecto que se demuestra logrado sin tantas presiones, en donde optó sobre todo por el humor. El guión intenta ocultar la verdad, esa que se va descubriendo de a poco, pero que no resulta tan interesante como el desarrollo mismo de los personajes, que se reencuentran después de diez años y recuerdan los 90. Ahora, desde la primera década del nuevo siglo, muestran vestigios de esa depresión que Acuña reflejaba en sus películas anteriores. Antes lo que perturbaba era la adolescencia en sí, ahora es el sueño a medio cumplir proveniente de ella.
Aunque Excursiones es divertida gracias a los diálogos y las buenas actuaciones, el resultado no es óptimo. En el intento de ser demasiado natural descuida aspectos fuertes del argumento como la pérdida de Lucas, punto de inflexión en la relación entre Marcos y Martín. No es su mejor obra, sino la más relajada, quizás la más improvisada.
En Excursiones se ve a un director aún más independiente y despojado, con las agallas necesarias para lograr su objetivo, hacer una película de amigos, con amigos, como realmente él lo quiso.
Soledad Bianchi
Se puede ver:
Viernes 27 de marzo, Hoyts Abasto 8, 20:00 hs.
Domingo 29 de marzo, Atlas Santa Fe, 17:45 hs
¿Nos podrías comentar algo de las películas las internacionales? ¿O hay algún tipo de restricción?
De ésas se puede hablar. Ayer [miércoles 18] me dijeron que se agotó una función de FilmeFobia (Kiko Goifman), que es una película brasilera que creo que va a ser una sensación, va a ser muy comentada, un éxito clavado. Es una película muy canchera de un director brasilero que hasta ahora había filmado documentales. Ésta parece un documental pero no lo es, es de esos cruces. Hay mucho cine latinoamericano muy potente, muchas películas chilenas como La nana (Sebastián Silva), que es bastante sorprendente, de hecho ganó en Sundance. Yo la vi en un work in progress en un festival y me pareció que tenia mucho potencial, pero no pensé que iba a tener tanto éxito. O también Tony Manero (Pablo Larraín), otra chilena que se llama Mami te amo (Elisa Eliash), Tiempos malos que es de Cristian Sánchez y trata de mafiosos chilenos, que a mí me encanta, pero no sé si a todo el mundo le va a gustar.
Quintín en Otros Cines propuso eliminar la selección internacional…
Sí, pero después en un comentario a su propia nota, Quintín planteaba que, por ejemplo, habló con el productor de Aquel querido mes de agosto (Miguel Gomes) - que fue su película favorita del año pasado- ¡y le dijo que quería venir a la competencia! Entonces, la competencia no sé si está bien o mal. A mí me gusta la idea de una competencia, pero más allá de eso, es una cuestión práctica. Muchas veces necesitás la competencia como gancho para que la película se pueda programar, venga el director, etc… Me parece que el propio Quintín se da cuenta de que tiene otro valor, que no es solamente “la estructura del festival” el armar las competencias, sino que tiene que ver con un atractivo que tiene el BAFICI para muchos productores y directores. Yo la dejaría por eso. La competencia internacional le hace bien al festival, permite tener películas que de otra manera a veces no se podrían conseguir.
¿Tu mirada hacia el BAFICI, varía de acuerdo a tu rol como crítico cinematográfico y como parte de la organización? ¿Son miradas que se mezclan, se conjugan, se chocan entre sí?
En los primeros años, mi mirada era más la del crítico/espectador, escribía para Sin Aliento (el diario del BAFICI), hacía algunas críticas y veía más películas. Pero en los últimos tres o cuatro años apenas pude ver las películas un rato. En el ‘99 y el 2000 sí era crítico/espectador y estaba acreditado como periodista. Pero ahora, si hay algún problema con la programación de las salas tengo que ir a ocuparme de eso, ajustar detalles, estar en presentaciones. Hay cosas que no eran tan cruciales años anteriores y ahora se volvieron importantes: por ejemplo, tener un listado bien armado de qué subtítulos tiene la copia de proyección. Todas las películas se dan con subtítulos en español, pero hay tantos extranjeros en Buenos Aires que ya está preguntando sobre si películas habladas en francés o alemán tenían subtítulos en inglés en la copia. Eso antes era un dato que se tenía en cuenta para las películas en competencia por los jurados internacionales, pero ahora te preguntan por todas las películas. De ese tipo de cosas hay que ocuparse, porque si el festival adquiere una proyección más internacional estas son las cosas que hay que cuidar… hay que ajustar cada vez más detalles. En el BAFICI estoy en la organización, ya no estoy como espectador/crítico.
¿El crítico y programador pueden escindirse totalmente?
No sé si totalmente pero se trata de ponerse en otro lugar. Hay películas que se piensan pero se sabe que no son del perfil del festival. No es lo mismo el gusto que el trabajo de programador. Tiene que ver, pero no puede ser la condición definitoria.
Retomando la primera pregunta y en cuanto a la dirección artística, ¿vos creés que el BAFICI tiene una identidad propia que no varía a lo largo de los directores y programadores?
Me es muy difícil verlo desde adentro. Entre el primer y segundo festival - del que era más observador del fenómeno-, podía ver las virtudes y los defectos claramente. Entre el segundo y el tercero hubo una notoria diferencia, una explosión, ya que el tercero tuvo muchísimas películas. Con Quintín subió a 300 en el 2001. El festival creció, pero se mantiene en aproximadamente 400 títulos. En general no hay grandes cambios con los directores con los que trabajé como programador, hay una saludable tendencia a que el equipo de programadores trabaje como tal, hay una apertura para que las películas que no le gusten al director puedan estar ahí igual porque a algunos programadores opinaron que sí era título “pertinente”.
Dentro del equipo de programadores se ven tendencias definidas. ¿Se confía ciegamente en el gusto personalizado del otro programador?
Cuando se es programador se trabaja como programador y no como crítico. Hay películas que las veo como crítico y no me gustan, pero como programador creo que son del perfil del festival. Hay cosas muy prácticas y materiales que bajan la idea de grupo-que-discute-sobre-gustos: llega la semana antes del cierre de programación y hay que organizar ciertas cosas, bueno, alguien vio esta película, ¿hay copias o no?, ¿la vieron todos o no?, etc…. Tiene que ver con cosas operativas y prácticas del festival. Aunque muchas veces hay discusiones sobre gustos, es inevitable.
Entrevista: Fernanda Lascialandá y Victoria Ceccotti
Javier Porta Fouz es Licenciado en Comunicación (UBA), y se desempeña como jefe de redacción de la revista El Amante/Cine desde donde el BAFICI es cubierto de manera bastante completa desde su primera edición en 1999. Pero además, desde el 2001 cumple diversas y a veces múltiples funciones en el festival, entre ellas - y desde hace algunos años-, la de formar parte del equipo de programación, es decir, una de las personas que mejor conoce el evento.
Con respecto a los cambios de dirección artística que tuvo el BAFICI (Quintín, Fernando Martín Peña y Sergio Wolf) ¿existe alguna diferencia o influencia por parte de cada uno?
Cada uno tiene una manera distinta, pero con Quintín no trabajé de programador, no elegía películas, en cambio, con Peña y Wolf sí. Los tres tienen diferentes personalidades y por eso es distinto el trabajo. Es más una cuestión de método y no de resultado o aplicación. Cada director se caracterizó por una manera de trabajar, por ciertos momentos más intensos o más tranquilos de trabajo, pero no creo que en los resultados haya diferencias. Se trabaja con libertad, el desarrollo se va dando naturalmente, se discute muchísimo, somos todos un equipo. El BAFICI se sigue pareciendo al BAFICI por más que cambie, porque cambiar está en su propia naturaleza. Igual me es difícil de evaluar porque lo veo desde adentro, trabajo en el festival desde 2001 y en la programación desde el 2005.
¿Cuál es el proceso desde que las películas son elegidas hasta que se proyecta en la sala?
Las películas se ven en los festivales de cine a los que los programadores asistimos durante el año, y en otros casos se piden copias o se presentan espontáneamente. Generalmente, la vemos todos los que podemos y si tiene consenso, se les da el sí. En el caso de los festivales, si vamos dos personas nos dividimos la programación para no ver lo mismo, y si a alguien le gusta y está convencido, se la invita a participar aunque sólo la haya visto esa única persona. En el caso de que el DVD esté acá, es algo más consensuado y discutido. En el caso de Berlín, por ejemplo, que se sabe que no llega el DVD porque está muy cerca del cierre de nuestra programación, directamente se invita a la película.
¿Existe algún criterio determinante que les marque a qué película invitar y a cuál dejar afuera?
Sí. Criterios internalizados, que podríamos llamar básicos. Por ejemplo, se les dice “no” a las películas argentinas que se hayan programado en otro festival en Argentina: se les exige premier, sobre todo este último año, porque en ediciones anteriores todavía se permitía, pero ahora se decidió que no. Esto se debe a que los festivales se manejan de manera jerárquica. ¿Por qué Cannes es el festival más importante? Porque exige premier mundial o internacional. Para un festival, una película vale más si se mostró menos. Todos quieren tener películas nuevas. Si uno gana prestigio puede exigir “primicias”.
¿A lo largo de los años se nota algún cambio llamémosle “cualitativo” en el público asistente?
Sí, me parece clarísimo que hubo una ampliación de la llegada del festival. Gente que antes no tenía idea de su existencia ahora lo conoce. Y también hay gente que asiste y no es cinéfila, ni va al Malba, ni a la Lugones durante el año; no es “del mundo cinéfilo” y sacan entradas para ver tres o cuatro películas. No son los espectadores que se piden vacaciones para ver cinco películas al día, no son personas que trabajan en el mundo del cine pero van igual. Me contaron que en una peluquería de Caballito se hablaba del festival, éso es una rareza. Cuando comenzó asistían sólo estudiantes de cine…
Claro, un público muy acotado.
Sí, igual acá hay ambiente de discusión de cine, pero ahora hay espectadores que ni siquiera van mucho al cine durante el año, pero van a ver tres o cuatro películas al BAFICI. Eso se nota, el festival está instalado. La población de la ciudad y alrededores sabe, lo conoce, y entonces van y sacan entradas. Hay una especie de avidez desesperante por la información: reclaman la grilla y el catálogo, se desesperan y empiezan a protestar antes de tiempo porque tanto la grilla como el catálogo están desde el primer minuto de venta de entradas, desde una semana antes todo lo prometido estuvo. Pero es rara la sensación de desesperación y de queja por la cola o el tiempo de espera, habiendo tres lugares para sacar las entradas, y ahora se sumó la nueva modalidad de venta por Internet. El público del festival de Buenos Aires es el más intenso, es muy generoso, va con una pasión infinita para ver una película; pero esa pasión también está para la queja, falla un subtítulo y ya están enardecidos. Fui a un montón de festivales de otras partes del mundo y si se cancela una película, ya está, se cancela, se ve otra. Acá si se cancela la película, empieza una catarata de quejas. Es el festival más tenso que yo conozco, se disfruta de una manera un poco masoquista. Es divertido, tiene mucha adrenalina.
¿Cuál es tu opinión sobre la producción argentina que se presenta este año?
De las películas argentinas no puedo hablar antes del BAFICI. Lo tenemos absolutamente prohibido por el Director artístico. Incluso no se pueden mostrar, son estrenos mundiales, ninguno de nosotros puede adelantar información ni opinar. Habrá que verlas el día que está la privada y recién ahí escribir o comentar, no se puede decir nada antes. Es la parte más sensible del festival. Más allá de esto, lo que noto en los últimos años es que hay variedad. Hay pocas películas que se parecen entre sí y me parece muy saludable. Este año eso también se da. Lo máximo que puedo decir es esto, que estoy contento con la variedad y por supuesto algunas me gustan más que otras.
¿Este año no va a haber algún Historias extraordinarias? ¿Intuís que puede pasar lo mismo con alguna película argentina?
Ni idea, pueden ser varias. Historias extraordinarias a esta altura del año pasado no estaba terminada y la versión completa se proyectó en el BAFICI. Y si me preguntabas esto mismo el año pasado, no te hubiera podido decir nada tampoco, no podía arriesgar qué película podía resultar “la vedette”.
"Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y , como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador"
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